miércoles, marzo 14, 2012

SOBRE JUSTOS Y PECADORES


A veces mi madre, cuando no tenía claro quién había sido el culpable de una fechoría, nos daba con la zapatilla a mi hermano y a mi , ¡zaca, y zaca!. Mi hermano recibía el zurriagazo con estoica pasividad. Como si no fuese con él. Y yo, previendo la que se venía encima, comenzaba a moverme, a taparme con la manta, a revolverme...lo que conseguía llevarme unos cuántos zapatillazos más, pues la señora no se quedaba contenta hasta que la zapatilla sonaba como tenía que sonar.

¡Ay, las madres!, son como la providencia divina, justa y misericordiosa, que hace brillar el sol sobre buenos y malos, le dan de comer a su hora a todos, no importa que hayan ido al colegio o estén enfermos, que hayan cumplido sus tareas o no. Le dan una bofetada a cada uno, al que haya tenido la culpa y al que no, para no hacer discriminaciones que puedan desestabilizar.

Os quiero por igual, así que para qué hacer distingos...¡ustie, y ustie!. Y, además, de medio lado, a la remanguillé.

No sé, me parece que hoy mi madre lo tendría bastante mal como responsable de la educación de sus hijos. Por mucho menos que esto que he contado le quitan la custodia de sus hijos a una como la mía..

Nosotros no lo veíamos muy injusto. Es más, nos parecía lo más normal...si no sabes quién ha sido el que ha saltado con las deportivas puestas en la cama de tus padres , ¡que es un altar, no un catre de mancebía!, lo mejor es repartir un buen meneo a cada uno y asunto zanjado.

¡Que no pasa nadaaaaaa!

10 comentarios:

Peque dijo...

Mi abuela siempre decía cuando pegaba al hijo que no era: por alguna que hayas hecho y yo no me haya enterado.

C. S. dijo...

Llego del conser y me encuentro a mis hermanos merendando como heliogábalos en la cocina.
-¿qué ha pasado?
-Alguien se ha cargado el tocadiscos y papaymamá tadavía no han llegado. Va a heber nervios.
-hacedme un sitio. Pasadme el colacao, las galletas, un par de esos bocatas y las mandarinas.
Sabíamos que el culpable no confesaría. Sabíamos que tooodos nos iríamos a la cama calientes y sin cenar. Convenía prepararse. Sin acritud.

Luxindex dijo...
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Teniente Quilombo dijo...

DEDICADO A C.S. Y DEMÁS GRECÓFILOS (entre los que no me cuento)

Realmente, todos hemos temido de pequeños los famosos "zapatillazos", ya fueran selectivos o indiscriminados, personalizados o globales, con objetivo múltiple o con daños colaterales.

Pero de que el "zapatillazo" como método de "amor y pedagogía" es universalmente conocido y aplicado, yo adquirí conciencia tardía.
Fue conversando con unos hermanos, compañeros de colegio, con quien teníamos amistad... y confianza.
Creo que fue en el antiguo séptimo de EGB la primera vez que tomamos contacto con Homero, con la Ilíada, y con el "epíteto épico" o "epíteto homérico": "Héctor el del tremolante casco", "Aquiles el de los pies ligeros", etc.

Haciendo de la necesidad virtud, o de tripas corazón, nuestros amigos cazaron al vuelo el hallazgo literario de Homero y enseguida lo hicieron propio para aplicarlo a los miembros de su familia, con este resultado: "Mamá la de los cortos discursos y los largos brazos".

No hicieron falta mayores explicaciones ni hermenéuticas. Entonces se me quedó grabado en la memoria, a fuego y de una vez para siempre, lo del "epíteto épico". ¡Y de eso hace ya unos treinta años!

Luxindex dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
C. S. dijo...

¿¡¡¡no eres grecófilo, Quilombo!!!??? ¡nunca lo hubiera esperado de un hombre como tú, que goza de toda mi admiración! Yo me he vuelto también una madre de largos brazos... desde que soy corta de vista, pero mis discursos, lamentablemente, son proporcionales a mis brazos.

Al Neri dijo...

Pues sí, la sociedad nos hace cada día más cretinos.

Anónimo dijo...

HISTORIA DE TRINCHERAS.

"¡Lomaaaato!, ¡como coja al que ha roto el jarrón de la abuela, Lomaaaato".
...
Los miembros de la brigada salimos de estampida.
Nos escondimos en el primer agujero que vimos.
El cuarto de las escobas, debajo del sofá, o corriendo campo a través, tras saltar la valla del jardín.
...
El alto mando sacó la zapatilla, el rádar y puso en guardia a los marines.
Mi hermano Antonio fue el primero en caer; zapatillazo junto al parterre de gladiolos. ¡Zas!
Mi hermana la pequeña rindió sus armas debajo del sofá. ¡Zas!

Y yo, acojonado en el cuarto de las escobas.
Escuché sus pasos.
Se detuvo frente a la puerta.
Mi respiración entrecortada me delató.

Abrió la puerta, y me atizó sin ninguna compasión, ¡zas!, ¡zas!, ¡zas!
...
¡Menos mal!, mis hermanos y yo seguíamos perteneciendo al mismo equipo.
...
¡Maldito jarrón!, fue rozarlo sin querer y se hizo añicos.
Mil pedazos de vidrio de Murano, que no hubo narices a pegar.

Ni que los fabricaran de vidrio mindungui.
.

Eduardo dijo...

Por si alguien no lo ha visto, os aconsejo esta conferencia del juez de menores Emilio Calatayud, mal final como dice Suso, sentido común

http://www.youtube.com/watch?v=n44zyvfQk2g

Emevé dijo...

Estimado Anónimo el del relato en la trinchera, me he partido de risa, y me acordaba de mamá la del "matamoscas ligero". Ahora que me he convertido en la mamá "de los largos discursos y la corta paciencia" pienso que un zapatillazo (o un matamoscazo que mi madre es original) a tiempo puede hasta salvar una vida. Digonomá.