sábado, enero 14, 2012

CHAMPIÑONES AL MARLBORO


Sucedió en una residencia de personas mayores (ya no se dice “de ancianos”, y mucho menos “asilo”)

Es una residencia de esas que se anuncian con música de sala de espera de dentista, y que hablan de “hogar”, “calidez”, “ ambiente familiar”...el tema da para mucho, pero vamos a la anécdota.

En estas residencias hay dos tipos de residentes: los válidos, y los asistidos.

En los válidos hay dos tipos de clientes (perdón, quise decir “residentes”): el válido bonachón, simpático, afable y agradecido, y el válido gruñón , tocapelotas y malcarado. En esto es igual el género, tanto monta, monta tanto.

En los asistidos también hay dos grupos: el asistido que tiene alguna dependencia más o menos menor, como incontinencia urinaria...y el resto, que se mueve en un mundo de tinieblas más o menos densas.

Se llamaba Juan (don Juan) , o se llama, y era un válido cabrón. Con todas las letras. En sus días fue Jefe de Seguridad de don Blas.

Don Juan no soportaba comer en el mismo comedor con alguien que fuese asistido de medio pelo. Ya no digamos en la misma mesa. Su mesa tenía que ser selecta. No se daba cuenta, el pobre hombre, que mañana estaría en otro comedor, babeando y sorbiendo la sopa servida por una auxiliar.

Su residencia tenía apartamentos, además de habitaciones, y exigió un comedor separado del resto de los residentes de uso exclusivo para “apartamentos”. Y se le concedió el capricho. Hasta los manteles eran diferentes, y el servicio, que tenían que ser camareras, no auxiliares.

De don Juan añadiremos que era muy escrupuloso. Mucho.

Dicen que la casualidad no existe, que es Dios que la envía en forma de anónimo. Puede ser, ¿qué sabemos?

Una mañana estaban en el comedor y de segundo plato el menú ofrecía “ bistec con champiñones”. Don Juan andaba un buen rato masticando algo que se resistía a triturar. Masticaba y masticaba, y nada, que no había manera. Así que decidió investigar qué era eso que se resistía de manera tan pertinaz a su dentadura.

Se introduce el dedo en la boca...hurga entre las encías...¡¡¡Y SACA UNA BOQUILLA DE MARLBORO!!!...¡¡¡UNA BOQUILLA DE MARLBORO EN SU BOCA Y EN UNA RESIDENCIA DE CINCO TENEDORES!!!!

Monta el pollo, arma la de Dios es Cristo, bocea que es víctima de un complot por parte de la camarera ( la misma que iba cada mañana iba a su apartamento a servirle el desayuno, y que él recibía en pelotas), promete denuncias, exige reparación....

Y en éstas estaba el hombre, abotargado por la ira, enrojece,  se le muta  la cara a la versión “pajarico”, le da una especie de ictus  ...días después estaba en el comedor de asistidos...¡más majoooooo!

También días después, se denunció a una conservera de La Rioja  por una indebida manipulación de los alimentos: en las cinta alguien fumaba...se le cayó un cigarrillo al operario...y ya sabéis donde fue a parar el champiñón.

3 comentarios:

Al Neri dijo...

Todo esto me ha recordado mucho a los inolvidables tiempos en que tantas horas y tanto celo les dediqué a las residencias para mayores. Los abuelos ni me recordarán pero seguro que todavía aparezco en las más malévolas oraciones de los dueños de los centros.

Mi única recomendación profesional a todas las familias es que nunca, bajo ningún conepto, ingresen a sus mayores en una residencia pequeña, por muy cerca que les pille y por muy familiar que parezca.

Al Neri dijo...

Anécdotas como la de Suso hay a tutiplén, pero mucho más asquerosas y a veces tristes...

C. S. dijo...

¡Pobre Don Juan! ¡Y qué mala suerte tienen los escrupulosos con estas cosas! Yo tengo un hermano que tiene que VER cómo le pones la comida en el plato. Si no, no se la come, porque alguien puede habérsela respirado. Tampoco come tartas en las que se hayan apagado velas. Una vez le hicimos una comida-homenaje consistente en:
-Primer plato: Sopa de pelos y uñas.
-Segundo plato: Tomates rellenos de gusanos del maíz (¡cómo sacaban la cabezita del perejil mara mirar al homenajeado!)
-Postre: boñiga de vaca cubierta de nata y virutas de chocolate.
¡Aún se oyen sus alaridos en las noches de tormenta!